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Crisis política y movilizaciones populares: ¿conseguimos la ansiada democracia?

  • Foto del escritor: Equipo de redacción
    Equipo de redacción
  • 15 dic 2020
  • 3 Min. de lectura

Una evaluación de los procesos de lucha del último mes y sus resultados



Hace un mes, miles de peruanxs salieron a las calles exigiendo la renuncia de Manuel Merino, motivadxs por la indignación ante los sucios intereses de un congreso al que se calificó de golpista. Tras el asesinato de Inti y Brayan, la lucha del pueblo ocasionó la renuncia de Merino, instalándose un gobierno de transición liderado por un sector progresista y “no golpista” del congreso, pero no por eso, no menos vendepatria y neoliberal. No pasó mucho hasta que se dio otra movilización, aunque de composición y características totalmente diferentes, esta vez contra la Ley de Promoción Agraria en la que de nuevo la sangre del pueblo tuvo que ser derramada para lograr la eliminación del injusto régimen agrario. Estos procesos de lucha nos abren interrogantes: ¿Qué diferenció a uno del otro? ¿Cuál fue la actitud de los poderes de facto frente a ellos?


El proceso de lucha contra la presidencia de Merino debe entenderse como una culminación de la contradicción presentada en el gobierno desde el inicio de la crisis sanitaria. Durante varios meses, el congreso trató de abanderarse de un discurso popular, mediante la crítica a la austeridad promovida por el MEF incluso en esta época de pandemia y al desastroso manejo de la crisis por parte del ejecutivo. El ejecutivo respondió mostrando la imagen de un congreso irresponsable, que conocía poco de economía e institucionalidad, y al que le importaban más sus intereses que la situación del país. Era el conflicto de un “populismo rancio” y “achorado” contra un liberalismo institucional. El conflicto se tradujo en más de un intento de vacancia que finalmente triunfó en noviembre pasado. Las movilizaciones contra el gobierno de Merino levantaron diferentes consignas; sin embargo, es innegable que el liderazgo provino en un principio de la consigna de la defensa del orden democrático. Esto le permitió al sector del liberalismo institucional, representado por el Partido Morado, capitalizar el descontento y obtener la capacidad representativa para instalarse en el gobierno. La gestión del presidente Sagasti se abrió justamente con una defensa de las movilizaciones, de la democracia y un elogio a la “Generación del Bicentenario”.


Las protestas iniciadas los primeros días de diciembre fueron distintas. Se dieron contra un régimen laboral que va más allá del gobierno de turno y que trasciende la contradicción señalada. Es por esta razón que se encontraron con la oposición del sector liberal entusiasta con las movilizaciones de la “Generación del Bicentenario”. Basta ver la actitud de lxs periodistas y medios de prensa hegemónicos como Rosa María Palacios o Perú21, quienes alentaron las movilizaciones contra Merino, pero terruquearon casi explícitamente el Paro Agrario. Ya no se trataba de “jóvenes con conciencia”, ahora eran operadores políticos de partidos de izquierda queriendo sembrar caos. Lo más curioso fue que la actitud del ejecutivo no distó mucho. El MININTER lanzó convenientemente un “megaoperativo” macartista contra algunos militantes de izquierda, mientras Jorge Yener Muñoz fue asesinado a manos de la policía en la lucha contra la Ley de Explotación Agraria. El presidente Sagasti no se quedó atrás, y rápidamente tildó el bloqueo de carreteras como “ilegítimo” e “ilegal” (al parecer desconociendo el fallo del TC sobre el tema de hace unos años), e incluso dejó entrever la posibilidad de usar la fuerza (al parecer ignorando que esta ya había asesinado a un joven trabajador). Mientras tanto, miembros del Partido Morado en el congreso, que anteriormente habían votado por la prolongación del régimen laboral agrario, mostraron su poca disposición a atender las demandas de lxs trabajadorxs, y entramparon la ley en comisiones.


La victoria fue nuevamente del pueblo, otra vez a costa de una vida; sin embargo, nos preguntamos: ¿qué pasó? ¿Por qué políticos, medios de comunicación y sectores de la sociedad entusiastas con las protestas de noviembre actúan ahora así? La contradicción señalada líneas arriba se desvaneció: sectores antes enemigos ahora parecen no diferenciarse. La respuesta a estas interrogantes no es nada alentadora, y es que al parecer, en las movilizaciones de noviembre no conseguimos la tan ansiada democracia. La criminalización de la protesta continúa, el uso de la violencia también, solo cambian los actores, que ahora muestran su verdadera cara antidemocrática.



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