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Crítica a PUCP virtual: FARES

  • Foto del escritor: Equipo de redacción
    Equipo de redacción
  • 9 nov 2020
  • 4 Min. de lectura

Entrevistamos a estudiantes de cada especialidad de FARES para que nos cuenten cómo se han adaptado a la virtualidad.



Foto: Luis Javier



La Facultad de Artes Escénicas es una de las más olvidadas por parte de las autoridades. Esto se evidencia, principalmente, en las carencias infraestructurales que sufre: casetas prefabricadas, salones insuficientes y una especialidad entera fuera del campus. Estos son los problemas de siempre; sin embargo, los problemas que presentan las clases virtuales podrían estar comprometiendo aún más la calidad educativa de estas especialidades. A continuación revisaremos los principales problemas y desafíos que ha propiciado la implementación de la virtualidad en las especialidades de Música, Teatro, Danza y Creación y Producción Escénica. 


INFRAESTRUCTURA


“Es un trato desigual,(...) es una falta de respeto” (una estudiante de Teatro)


Este es el principal problema que aqueja a las cuatro especialidades y esto impacta no solo en la calidad de educación que reciben, sino también en el sentimiento que tienen sobre la PUCP. Por un lado, la especialidad de Música, ni siquiera se siente parte de la PUCP ya que su facultad se encuentra en Chorrillos, lejos del campus de San Miguel. A la vez, el resto de especialidades también perciben un sentimiento de exclusión y trato desigual cuando ven que se construyen otras facultades - nuevas  incluso - en vez de una facultad para Fares.


Antes de la virtualidad los problemas infraestructurales se traducen en salones no óptimos para las actividades que se realizan. Por ser casetas temporales, a menudo lxs estudiantes siempre andaban con miedo de no romper paredes, así como convivir con las cosas que llegaban a malograrse por el uso.  Particularmente en danza, afectaba el tipo de piso, ya que este era pegajoso y no óptimo para las actividades, lo que hacía que tengan que preocuparse y usar medias o talco. Por otro lado, había un serio problema de disponibilidad de espacios, ya que estos no se daban a basto a tal punto que lxs estudiantes se veían obligadxs a utilizar salones de otras especialidades o incluso los pastos o cementos, lugares que no eran adecuados para el desarrollo de sus actividades. Incluso la reserva de espacios era por sí sola una pesadilla, ya que se trataba de una competencia desde la medianoche. En Música es especialmente preocupante la situación de lxs estudiantes que no tienen instrumentos y dependen de las pocas salas con instrumentos que hay. 


Con la virtualidad no es que estos problemas no existan, ya que muchos de los cursos prácticos no han sido abiertos a causa del confinamiento, por lo que apenas volvamos a la presencialidad se volverán a sentir e incluso el doble ya que muchxs se han atrasado. Ahora bien, las probabilidades de que lxs estudiantes tengan espacios adecuados en sus casas para realizar sus actividades formativas es muy bajo. No todos tienen espacios amplios, no todos tienen sus instrumentos, no todos tienen pisos adecuados, no todos tienen salas que aíslen el sonido. Entonces, muchxs están en una clara desventaja para concretar su formación.



APRENDIZAJE


“Algunos cursos solo se pueden hacer de forma presencial” “Nos hemos atrasado un año”

Si hay algo que tienen en común las cuatro especialidades es que todas trabajan en base a los sentidos. El contacto con otras personas y la relación con espacios, que son primordiales en su formación, se han visto limitados en estas circunstancias. Si bien las artes escénicas en general se están repensando en base al distanciamiento y la virtualidad y en ese aspecto hay un importante desarrollo y aprendizaje continuo entre profesores y estudiantes, no se puede dejar de lado el importante sentimiento de incertidumbre que aqueja a lxs estudiantes. Esto se refleja en el hecho de que se han tenido que retrasar porque los cursos no son virtualizables y, además, en el hecho de que aún en los cursos que han sido virtualizados, no hay una certidumbre de si lo que se está aprendiendo está bien puesto en la práctica. 


Por ejemplo, en música el sonido transmitido en las grabaciones no es de calidad por las limitaciones de los aparatos electrónicos de lxs estudiantes. “El profesor me decía que no sabía si lo estaba haciendo mal o si se escuchaba mal por la calidad del sonido”.  Por otro lado, en danza el aprendizaje de los cursos prácticos demora más ya que en la pantalla es difícil apreciar la tridimensionalidad del movimiento. “Ahora vamos más lento para ver esos detalles difíciles”. Asimismo, en Teatro, en cursos como canto, por ejemplo, no hay una certeza de que se te esté escuchando en las sesiones de zoom, ya que este no capta todos los sonidos que se hacen y esto se dificulta aún más cuando hay varias personas participando.


Cabe agregar que también existe un sentimiento de que los cursos se han adaptado a la virtualidad sobre la marcha, por lo que muchxs se sienten como conejillos de indias. Y no se puede dejar de lado que existen habilidades tecnológicas que se requieren y que no necesariamente se están enseñando.


DIÁLOGO


Debido a la virtualidad se ha fortalecido el diálogo entre profesores, estudiantes y coordinaciones, ya que se han aperturado más espacios tanto como a nivel de consejería y desarrollo profesional (danza), como con respecto a los cursos y sus contenidos. 


Sin embargo, el destape de casos de hostigamiento sexual por parte de profesores hacia estudiantes han causado un ambiente tenso y de desconfianza con las autoridades por el intento de encubrimiento y mal manejo que se ha tenido ante estos. “La confianza en Teatro se ha ido decayendo por los casos de acoso, por la argolla, por la mala coordinación, mal manejo del poder”



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